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La mujer y la pasión
En la noche de agua mansa
va un barquito por el río;
y los peces que no se cansan
de ahuyentarse por el frío.
No saben bien que es madera
la que apavora su ombligo.
Estarán la vida entera
huyéndole al desconocido.
Flota el barquito sin prisa,
el ruido del viento en su vela
a encontrarse, bien sumisa,
con quien le pidió que volviera.
Entrególe el alma sin sueño
al hombre en su embarcación
soñó con su marinero
y lo tuvo allí, con pasión.
Fúndese el alma rebelde
cuando se entrega completa:
ahora ella sabe que puede
traer su hombre de vuelta.
El pescador no se apura:
gusta de abrir surco al agua.
Y la vela, con anchura,
juega a que es la que manda.
Va recitando un poema
aunque se olvida la letra.
Cuando se encuentre con ella
le saldrá como si fuera
escrito con letra buena!
"Encantado por el agua
se olvidan nombres y caras"
-siente que tiene palabras
que comprende la razón-.
"No hay desespero, ni rabia
cuando se siente este Amor".
Entregado a la pasión
el pecho se le dilata
y sabe dónde está la amarra
que le da satisfacción.
Prueba de ella el sabor
que tiene soplo de muerte.
Quiere saber con qué mueve
el viento su prisa y furor.
Resurge del agua el Sol
aunque la noche aún no muere:
ha de encontrarse su amor
y llover sobre su piel.
Respira hondo y estallan
olores que acallan la voz.
Mira a lo eterno y quiere
serle por siempre fiel.

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